viernes, 10 de agosto de 2012


Villa del Bosque Santa Clara
El cortejo de las luciérnagas
A una hora de la ciudad de Tlaxcala
se localiza el santuario de estos insectos
luminosos, que cada noche de verano
ofrecen un espectáculo deslumbrante
villa del Bosque cuenta

NANACAMILPA, Tlaxcala. “Seguro
es una de las noches más oscuras
de verano, es casi imposible
ver más allá de dos pasos”, dice
uno de los visitantes. Minutos
después aparece ante él la primera
luciérnaga, segundos más tarde
pequeños destellos en el bosque
avisan que el espectáculo está comenzando.
Sí es el cortejo de las
luciérnagas.
Este fenómeno natural sólo es
posible presenciarlo en los meses
de julio y agosto, un sitio emblemático
para hacerlo es Villa del
Bosque Santa Clara, un parque
ecoturístico localizado a una hora
de la ciudad de Tlaxcala, conocido
también como el santuario de estos
insectos luminosos.
El reloj marca las 8:30 de la noche,
los insectos machos parecen
prepararse para cautivar no sólo a
las hembras, sino a esos turistas
que han llegado hasta estas tierras
tlaxcaltecas con la única intensión
de admirar sus destellos.
Sólo han transcurrido cinco
minutos desde que el primer insecto
emitió su luz, cuando cada
parpadeo parece ser el perfecto
reproductor de lucecitas que encienden
y apagan a capricho de
quienes las portan.
Cuando las manecillas marcan
las 8:45 de la noche, el bosque de
pinos está plagado de luces, son
incontables, es una melodía visual
que quita el aliento de los espectadores,
quienes aún desconocen
que esta fiesta luminosa es un ritual
de apareamiento.
El guía, quien conduce a los
visitantes a un rincón del parque
en el que el silencio les permita
además de estar en contacto directo
con estos insectos escuchar
el viento y sentir la noche, explica
que las noches cálidas de verano
son el escenario idóneo para el
cortejo de las luciérnagas.
Según varios estudios, acota el
guía, la especie que habita en esta
región de Tlaxcala es endémica y
aún falta mucho por descubrir.
“La hembras no vuelan, están
desperdigadas entre la espesa vegetación
y son ellas quienes eligen
al macho con quien desean aparearse.
Los machos deben llamar
su atención y hasta ahora se cree
que los que emiten más luz y vuelan
más alto son los más codiciados
por las hembras”.
Así con destellos de luz se van
conquistando y, tal vez, con esa
misma intensidad los insectos
conquistan a los viajeros.
En sólo unos segundos, como si
entraran en sintonía, van apagando
su florescencia, otra vez pueden
contarse, son pocas las luces.
El bosque, después de casi 45
minutos, nuevamente se envuelve
en la oscuridad de la noche, los
pinos a lo lejos son casi imperceptibles,
ya no queda rastro de aquellas
lucecitas voladoras. Ahora todo está en la memoria.

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